Pude ponerle nombre a todo lo que me ocurría desde pequeña. Fue algo más parecido a aprender un idioma que nadie a tu alrededor habla — poco a poco, en silencio, sin manual.
Hubo experiencias que no tenían explicación lógica. Momentos que me sacudieron por dentro y que me obligaron a tomarme en serio algo que durante años intenté ignorar. No los cuento todos. Algunos son demasiado íntimos. Otros simplemente no necesitan palabras para ser reales.
Lo que sí sé es que esto no empezó conmigo.
Mis Ancestros, personas que como yo percibían, intuían y vivían experiencias que el mundo ordinario no siempre sabía cómo explicar.
Yo elegí algo distinto: entenderlo, educarlo y Honrarlo.
Porque reconocer de dónde viene esta sensibilidad no es mirar atrás — es entender con más claridad y recordar quién eres y para qué estás aquí.